Aprender algo no es lo mismo que haberlo escuchado.
Lo que se vive se recuerda mejor que lo que se explica. Por eso cada experiencia combina contenido psicológico riguroso con momentos para probar, reflexionar y conversar.
No trabajo con una fórmula cerrada: elijo la dinámica según el objetivo, el grupo y el contexto.
Fundamentos psicológicos
Contenidos basados en evidencia, desde una formación integrativa y clínica.
Aprendizaje experiencial
Se aprende haciendo: vivir algo, observarlo, entenderlo y aplicarlo.
Participación activa
Las personas no escuchan una charla: forman parte de ella.
Recursos visuales y creativos
Imágenes, metáforas, materiales y objetos para pensar de otra manera.
Reflexión individual y colectiva
Tiempo para mirar hacia dentro y espacio para compartirlo con el grupo.
Aplicación al trabajo
Cada sesión termina con algo concreto que llevar al día a día.
Crear no es el objetivo. Es el camino.
En una empresa, el arte no se usa para hacer una actividad bonita ni para relajarse un rato. Se usa porque hay cosas que cuesta decir y resulta más fácil mostrar: cómo nos sentimos en un equipo, qué valores nos mueven, qué nos frena.
La diferencia con un taller artístico recreativo es que aquí cada dinámica responde a un objetivo de aprendizaje, se acompaña de contenido psicológico y se cierra con una reflexión sobre su aplicación al trabajo.
Y no hace falta saber dibujar. Nadie evalúa el resultado.
Un espacio de aprendizaje, no de terapia.
Las experiencias de Lado B tienen una base psicológica, pero no son psicoterapia ni sustituyen a una intervención clínica.
Sí pueden ayudar a poner palabras a lo que pasa, a detectar necesidades y a orientar hacia los recursos adecuados cuando hace falta.
Medir lo que pasaAl terminar, una encuesta de valoración basada en el modelo Kirkpatrick recoge cómo se ha vivido la experiencia y qué se ha aprendido.
¿Qué está atravesando tu equipo? Empecemos por ahí.
Cuéntame el contexto, el público y lo que te gustaría que cambiase. Te respondo con una propuesta a medida.